Cómo se Enterraban a los Muertos en la Antigüedad


Aunque nos parezca que nuestros ancestros eran tremendamente diferentes a nosotros, lo cierto es que ambos compartimos ciertas características intrínsecas a nuestra especie; desde el interés por las artes a la capacidad de empatizar. Los ritos funerarios tienen un lugar importante en esta lista.

Todos conocemos el proceso funerario que se lleva acabo a día de hoy, pero ¿cómo lo hacían en la antigüedad? La respuesta es menos sorprendente de lo que podría parecer.

En la antigua Mesopotamia, los enterramientos comenzaron, hace unos 5000 años, en la región de Sumeria. Los cuerpos eran lavados y perfumados; se maquillaban, adornaban, y vestían. Tras esto, se enterraban bajo la casa familiar. Todo este proceso era de suma importancia, pues se creía que si no se enterraba correctamente a alguien este podría regresar y atormentar a los vivos.

Un proceso similar seguían los egipcios, que expandían estos ritos y los aplicaban no sólo a los humanos sino a sus propias mascotas. Cuando el gato de la familia fallecía, esta se depilaba las cejas y mantenía un período de luto de varios días. Para los nobles, esto era un poco diferente. Se creaban grandes monumentos y tumbas para evitar que el fallecido fuese olvidado y continuase existiendo incluso tras su muerte.

En la Antigua Grecia, todo esto se volvía un poco más intrincado. El cuerpo se lavaba y untaba con aceite; se vestía y se ubicaba en una cama alta dentro de la casa. Acto seguido, los familiares y amigos acudían a llorar al fallecido, para después llevarle al cementerio en procesión, acto que normalmente se realizaba antes del atardecer. Para evitar olvidarse del finado, se erguían monumentos de diversa índole que más tarde visitaban regularmente las mujeres para dejar ofrendas como pequeños dulces.

En la Antigua Roma, al igual que en Egipto, se creía que los muertos seguían estando presentes en la tierra. Las prácticas funerarias comenzaban de noche para evitar entorpecer la actividad diaria en la ciudad. Una procesión comenzaba dentro de la ciudad y llegaba entonces a las afueras de ésta donde se encontraba el cementerio. En el caso de la Antigua Roma, los muertos podían incinerarse o por el
contrario enterrarse en una tumba.

Alejándonos un poco más de Europa, nos vamos a América donde los Mayas se distanciaban un poco más de los rituales del viejo continente. A los muertos se les metía maíz en la boca como símbolo del renacimiento de sus almas y como alimento para el viaje que el alma debía llevar a cabo a través de los oscuros valles de Xibalba, el ultramundo. Tras esto, los cuerpos eran pintados de rojo, el color asociado a la muerte, y envueltos en algodón.

En resumen, nuestra especie ha sido testigo de misteriosos y variopintos rituales que se han extendido a lo largo de la historia hasta llegar a nuestros días. Quizá lo que ahora para nosotros es lo habitual, sea tan peculiar en el futuro como lo son ahora los ritos del pasado.

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